En los 80’s ya se descargaban videojuegos ¡desde la radio!

Décadas antes del wifi, varias emisoras europeas transmitieron a través de las ondas programas informáticos para los recién nacidos Spectrum y compañía. Una grabadora y un casete eran suficientes.
Teclado de Spectrum (Foto: Marcin Wichary)
Teclado de Spectrum (Foto: Marcin Wichary)

Corría el año 1983. En Estados Unidos se estrenaban El Equipo A y El retorno del Jedi. La firma de la manzana mordida presentaba su Apple Lisa y mientras tanto, en España, Felipe González nacionalizaba Rumasa y la selección vapuleaba a Malta con el famoso 12 a 1. Ese mismo año, Radio West, una emisora de la ciudad inglesa de Bristol, comenzaba a retransmitir software.

Por increíble que parezca en pleno siglo XXI, una radio y una grabadora eran entonces lo único que se necesitaba para descargar un programa informático compartido a través de las ondas. Commodore 64, Spectrum, su antepasado ZX81 y el británico BBC Micro son algunos de los ordenadores personales que vieron la luz en aquellos primeros compases de la década de los 80. Sus juegos y aplicaciones se almacenaban en cintas de casete que, al ser reproducidas, compartían sus secretos en forma de audio.

Los oyentes de Datarama, el espacio sobre informática que emitió semanalmente Radio West a partir de aquel verano, comenzaron a tener acceso gratuito a todo tipo de aplicaciones desarrolladas por los responsables del programa. Para hacerse con ellas, los usuarios solo tenían que grabar el audio en un casete.

Así, la descarga era cómoda y se realizaba en apenas unos minutos. La contrapartida era que el sonido resultaba casi insoportable, un chirrido que, a buen seguro, hacía que la audiencia ajena a la programación de la emisora pensara que algo no iba bien.

Un origen fotográfico

radio pics

Con Datarama, Radio West trató de atraer a un público de nicho en las horas de menor audiencia. Sus responsables, Joe Tozer y Tim Lyons, escribían el código de los programas que se transmitían cada lunes por la noche como guinda del pastel radiofónico. Compartieron desde minijuegos hasta todo tipo de herramientas, como una creada para traducir automáticamente las pulsaciones sobre el teclado a código Morse.

Sin embargo, para el estreno de su sección estrella, Tozer y Lyons eligieron una fotografía de la actriz Cheryl Ladd, una de las protagonistas de Los ángeles de Charlie. La imagen, tomada en 1975, fue codificada por Tozer y emitida con éxito en julio de 1983. Los radioyentes que grabaron su sonido en una cinta pudieron ver en las pantallas de sus ordenadores una imagen en blanco y negro de pequeñas dimensiones (40×80 píxeles), al más puro estilo Teletexto, en la que (a duras penas) era posible distinguir a la actriz estadounidense.

“Para ser honestos, fue todo bastante sencillo”, explica Joe Tozer en Kotaku. Todo era tan fácil como pulsar el play, aunque sorprende que la emisión a través de AM funcionara mejor que en FM, cuando esta última ofrece una mayor calidad y cobertura en otras muchas circunstancias. Sin embargo, sí que había un ligero problema a la hora de compartir el software: el formato.

Los programas de los ordenadores de aquella época estaban escritos en BASIC, pero algunas pequeñas diferencias en el lenguaje específico que utilizaba cada uno hicieron imposible que el audio de cada software se emitiera una sola vez. Así, por ejemplo, aquella fotografía de Cheryl Ladd solo fue codificada por Tozer para BBC Micro y ZX81: sonó dos veces, pero no era suficiente para que la imagen se pudiera ejecutar en todos los ordenadores.

La alternativa holandesabasicode

La solución al problema de Tozer y Lyons vio la luz a cientos de kilómetros. En Holanda, la emisora pública Nederlandse Omroep Stichting (NOS) mantuvo en el aire durante toda la década de los 80 Hobbyscoop, otro espacio sobre informática que aprovechaba las características del software ochentero para transmitirlo a través de las ondas.

Sus responsables fueron un paso más allá y le plantaron cara a las diferencias del lenguaje. Para ello crearon BASICODE, que pronto se conocería como el “esperanto para ordenadores”. Los usuarios solo necesitaban una aplicación, el Bascoder, para traducir y adaptar los programas compartidos por la NOS a las peculiaridades de su máquina.

En países como Finlandia o Yugoslavia, otros proyectos compartieron centenares de aplicaciones y juegos para aquellos primitivos equipos que hoy derraman las lágrimas de los más nostálgicos. Pero todo aquello pasó a la historia…

Datarama murió a mediados de los 80 por falta de financiación, pero si la falta de publicidad no hubiera puesto el último clavo de su ataúd, lo hubiera hecho la propia tecnología: los equipos de 8 bits dieron paso a los de 16 bits y los casetes fueron sustituidos por disquetes. Habría que esperar hasta la llegada del wifi para volver a disfrutar de la descarga inalámbrica a través de ondas electromagnéticas, aunque esta vez sin el romanticismo de un programa nocturno de radio.

Con información de El Confidencial

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