Ayotzinapa: Un año de tragedia e impunidad

IMG_4663Hace unos días se cumplió un año de la desaparición de 43 normalistas de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos”. Este caso refleja solo la punta del iceberg de la compleja y trágica situación en la que se encuentra México.

Junto con la casa blanca, Ayotzinapa ha sido uno de los golpes más duros al gobierno de Peña Nieto, y aunque al principio parecía que podía caer, esto no se concretó. Todos conocemos, de primera mano, la profundidad de la crisis, la sentimos en la calle, en los medios, en el bolsillo, entendemos que nuestro gobierno es un mal gobierno, que las cosas en el país están muy mal y que un cambio es necesario.

Afortunadamente, este caso ha contado con un apoyo y solidaridad ciudadana pocas veces visto en los últimos años, y no solo ha sido local, las muestras de solidaridad han provenido de todas partes del mundo. La globalización hace cada vez más difícil el control de la información y la contención de daños, hoy la presión internacional se vuelve fundamental para cambiar el estado de la situación.

Ayotzinapa no es un acto aislado y excepcional, es más bien parte de una estrategia coherente y premeditada para someter a toda la disidencia y oposición a partir de una violencia múltiple, sistemática y cotidiana. Lo que vivimos es una guerra contra el pueblo, cuyo único propósito es profundizar el despojo, el saqueo, la desposesión de recursos humanos, naturales y estratégicos en beneficio del poder financiero global.Dia de la indignacion-1

La tragedia de los 43 estudiantes desaparecidos tiene varios responsables que parecen borran sus fronteras y transformarse en uno solo: el crimen organizado, los aparatos del Estado (autoridades de los tres poderes, fuerzas armadas, policiales y paramilitares), la clase política que integra la partidocracia, los medios de comunicación que conforman la dictadura mediática, la intelectualidad y la academia vendidas al régimen, los sectores corporativos y clientelares del sindicalismo oficialista, pero también, por omisión de aquellos que pretenden desconocer la realidad de un país devastado.

El informe Ayotzinapa del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), echó por tierra la “verdad histórica” del gobierno de Peña Nieto, al descubrir los datos falsos, las omisiones, suposiciones, tergiversaciones y mutilaciones de la investigación de la PGR, y también abre la puerta para indagar a los actores que el gobierno ha protegido sistemáticamente en esta y en todas las investigaciones sobre crímenes de Estado en México: los militares.

ayotzinapa-1st-anniversary_3Por todo esto es necesario seguir clamando ¡Fue el Estado! y hacerlo conscientes de que todo lo que esto implica, que esta consigna tiene nombres y apellidos, y que es necesario seguir denunciando, exigiendo y protestando en aras de cambiar el panorama.

Los hechos de Iguala nos han estremecido hondamente, pero también los de Tlataya, Villas de Salvárcar, San Fernando, Allende, etcétera, etcétera, etcétera. Es tanta la sangre, que corremos el peligro de desensibilizamos y volver la tragedia parte de lo cotidiano, convertirla en algo”normal”. Esto es sumamente grave, si permitimos que esta situación se incorpore a la vida cotidiana llegará el punto en el que empiece a generar una cultura de violencia donde los valores de respeto, amor y solidaridad desaparezcan en un sector importante de la sociedad.

Ante la tremenda brutalidad y la sangre que recorre hasta el más recóndito rincón de este país, la realidad es que la gente no reacciona como debería. Los hechos parecen indicar que es necesario llegar al extremo de la barbarie para que la población se mueva. Un ejemplo muy claro es Michoacán, donde los criminales escalaron de cobrar derecho de piso, pasando por matanzas públicas hasta llegar a las casas por las mujeres y niñas para secuestrarlas y regresarlas embarazadas o no regresarlas. Las autodefensas y el Doctor Mireles son producto de todo aquello, son el ejemplo vivo del hartazgo llevado al extremo.DSC04706

Debemos evitar a toda costa que se llegue a esos niveles, la masacre ya es insoportable pero puede ser peor. Es nuestra responsabilidad, la responsabilidad del pueblo de México, el hacerse cargo de la situación y tomar el asunto (y todos los asuntos públicos) en sus manos. La política y la participación ciudadana es la única solución posible a esta tragedia nacional. Nunca ha habido en este país una verdadera democracia ni una verdadera participación de la gente, un compromiso real con el involucramiento en la vida pública, con la vigilancia hacia las autoridades. Esto es justamente lo que tiene que cambiar, en la medida en que la desidia, la ignorancia y el egoísmo prevalezcan en la mayoría de la sociedad, la decadencia de este país será imparable y solo el destino dirá en que terminará toda esta desgracia nacional.

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