Cavilaciones sobre el mal, el bien y la responsabilidad

La gran filósofa Hannah Arendt en su análisis de la banalidad del mal de 1961 tocó una serie de cuestiones que me parecen de importancia para poder concebir algunos de los enredados vericuetos morales y éticos en los que se debate hoy el ser humano, inmerso como está en la complejidad del mundo actual. Lo cual a su vez da pie, para humildemente aventurarnos a plantear una senda que nuestra especie podría transitar para evolucionar hacia una más elevada consciencia de la realidad, lo cual posibilitaría la implantación y desarrollo de una civilización más madura y encaminada al logro de una mucho más equitativa y armoniosa convivencia social.  hannah-arendt

Arendt puso en la mesa de discusión la idea de que el mal intrínsecamente es un asunto vacío y relativo debido a que los seres humanos estamos inmersos en un contexto especifico y nuestras acciones responden a ese contexto, lo que dicho de otra manera significa que las acciones humanas obedecen a los influjos generados por las condiciones históricas. Esto pone también en el ojo del huracán al tema de la responsabilidad, ¿Cómo puede alguien ser juzgado por sus actos, si sus actos solo son una respuesta a su situación? ¿Cómo es posible atribuirle responsabilidad a alguien por sus acciones?

La pensadora alemana escogió un caso muy peculiar para ejemplificar sus ideas. Eligió el tema deleichmann321 genocidio de los judíos y el juicio a Adolf Eichmann, caso muy sonado en su época, en virtud de que este personaje fue partícipe de las mayores atrocidades cometidas por el régimen nazi. Eichmann era un simple individuo de clase media de la Alemania de la primera mitad del siglo XX, un mero burócrata que, siguiendo órdenes superiores se convirtió en uno de los operadores principales del asesinato genocida de millones de judíos, además de ser él quien acuñó el término “la solución final”, frase que se refirió al exterminio masivo de judíos. Lo ilustrador del asunto es que Eichmann solo seguía ordenes, si sólo era un ciudadano promedio con aspiraciones dentro de la masa alienada e ideologizada ¿Cómo puede atribuírsele responsabilidad o desde qué ética se le debe de juzgar? Por esto es que en algún sentido Arendt atinó al llamar a esto la banalidad del mal.

La segunda guerra mundial y el holocausto, se significan como una de las páginas más negras de la historia, amén de ser eventos ejemplares que nos ayudan a desentrañar un tanto el complejo comportamiento de nuestra especie. Dicho de otra manera, significa que los hechos antes citados seguramente se constituyen como una de las experiencias históricas que mayor aprendizaje nos brindan al respecto de lo que no debe de suceder nunca más.

CAMPO+DE+CONCENTRACION En pocas palabras la brutalidad y deshumanización que sucedió en la primera mitad del siglo pasado es un ejemplo de hasta dónde podemos llegar los humanos cuando somos dominados por una ideología, es decir, cuando una creencia es aceptada ciegamente sin cuestionarla.

El paradigma de la autodestrucción de la humanidad está representado por personas metafóricamente ciegas, individuos poco conscientes y por ello egocéntricos, de tal manera que no respetan al prójimo y a la humanidad en su conjunto. En muchos casos bajo el influjo de creencias iluministas y gozando de gran poder, estos individuos abusan de los más débiles, de las minorías étnicas, de aquellos que no comparten su ideología y por supuesto de aquellos que se resisten a su dominio y opresión.

El régimen Nacional Socialista (nazi) así como su ideología evidentemente no surgieron de la nada,niños 2da guerra mundial tienen raíces complejas, veamos: a lo largo del Siglo XIX Inglaterra y Francia se disputaban en cierta manera la supremacía mundial, sus flotas competían por el comercio global mientras sus ejércitos se apuraban por conquistar territorios ultramarinos, particularmente en África, ello sin descartar otras regiones del mundo.

A partir de mediados del siglo XIX tanto Inglaterra como Francia se consolidaban como capitales del imperialismo, en las que el modo de producción capitalista se desarrollaba sin traba alguna, no solo como un modo de producción económica, sino también como un aparato de dominación social, ello gracias a la industrialización y a la consolidación del sistema de financiación, es decir los bancos y las bolsas de valores.

Otto Von Bismarck
Otto Von Bismarck

Sin embargo, a partir del tercer tercio de dicho siglo XIX el escenario empezó a cambiar: en 1870, gracias a los esfuerzos de Otto von Bismarck canciller del reino de Prusia, los cerca de trescientos pequeños principados y reinos de habla alemana (exceptuando al Imperio  Austro-Húngaro) se consolidaron en un gran Estado nacional en el cual Prusia llevó la batuta. Fue en ese mismo año de 1870 que el recién constituido Reich Alemán se enfrenta militarmente a Francia y la derrota con relativa facilidad. Pudiéndose situar en ese momento de la historia  el nacimiento o en todo caso el resurgimiento del nacionalismo alemán. Es a partir de ese acontecer histórico que el Imperio alemán se empieza a revelar no únicamente como una gran potencia militar sino también como una gran potencia industrial y colonial en pleno desarrollo. En África el Reich se apodera de los territorios de Togo y de Camerún, mientras fortalecía a su flota mercante tanto como a su armada y sus ejércitos. Las condiciones se estaban construyendo para una gran confrontación mercantil y finalmente militar.

El pretexto que sirvió de chispa para encender la primera gran conflagración mundial se dio en 1914 a raíz del asesinato en Sarajevo del príncipe Fernando José Habsburgo, heredero de la corona del Imperio Austro-Húngaro. A raíz de lo cual rápidamente se formaron dos poderosos bandos, por un lado se aliaron Francia, Inglaterra, Rusia e Italia, todos ellos con sus respectivos satélites, posteriormente se sumaron los Estados Unidos mientras que por el otro bando se coaligaron Alemania, el Imperio  Austro-Húngaro y el Imperio Otomano.

Los costos en sufrimiento humano y en destrucción material de esta gran  guerra mundial fueronPrimera guerra mundial enormes, por ese entonces los más grandes de la historia. Pero el impacto que en el pueblo alemán represento el resultar derrotados, se tradujo en una inmensa frustración y en una consecuente depresión para los individuos, ello desde lo meramente psicológico. Empero, a eso se le sumo el enorme costo económico que el pueblo derrotado hubo de pagar, tanto por lo que representó el sostenimiento de la propia maquinaria bélica del Reich como por las enormes y desproporcionadas reparaciones de guerra que los vencedores -particularmente Francia- le impusieron a la derrotada Alemania.

El resultado de lo anterior fue terrible para la economía popular; así las cosas, un gran resentimiento se acrisoló en el espíritu de muchísimos alemanes. Alguien o algunos  debían de ser los responsables de tamaña debacle. De inmediato se culpó y no sin parte de razón a los grandes financieros de Europa, de los cuales la mayoría eran judíos (la familia Rothschild entre muchos otras). Adicionalmente se debe de decir que como consecuencia del repliegue de los ejércitos alemanes de los territorios de Europa oriental que estos ocuparon durante la gran guerra, muchos judíos emigraron hacia Alemania sumándose a la retirada de las huestes germanas. Lo cual se explica en virtud de que los judíos en Europa del Este eran muy mal tratados por las poblaciones dominantes, mismas que los confinaban en guetos, no se les permitía ejercer profesiones universitarias y de cuando en cuando eran sometidos a terribles represiones, vejaciones y golpizas e inclusive asesinatos. En fin, se les mantenía bajo una oprobiosa opresión, por ello cuando los soldados alemanes llegaban a los poblados donde los judíos habitaban, los invasores germanos eran recibidos como libertadores, recibiendo de inmediato su colaboración; como resultado cuando los alemanes en retirada abandonaban los territorios ocupados, muchos judíos se vieron obligados a seguirlos para no ser pasto de la venganza de los lugareños.  A consecuencia de lo anterior y en adición a la gran crisis que Alemania padeció por la derrota, como 200 mil judíos venidos de Europa oriental pululaban famélicos, harapientos y buscando con desesperación como sobrevivir en la abatida Alemania.

Así la idea de que los banqueros judíos fueron los responsables de la catástrofe alemana, en combinación con la irrupción masiva de judíos hambrientos, poco ilustrados y con una educación muy deficiente o en todo caso diferente a la usual en Alemania, dio por resultado el que esta minoría étnica y cultural fuera imputada por gran parte de la población alemana como chivo expiatorio de todos los males padecidos y por padecer.

HitlerEs en este contexto que surge el Nacional Socialismo. Hitler aparte de añadir sus propias fobias, lo único que tuvo que hacer fue magnificar el sentir ya sembrado en gran parte de la -supuestamente culta- población alemana para que el genocidio de los judíos tuviera lugar.

La anterior exposición tiene por objeto el situarnos en las condiciones que determinaron la comisión de tan bárbaras actitudes por parte de los operadores directos del genocidio como por gran parte del pueblo alemán que en todo caso lo toleró.

Eichmann así como los nazis son el paradigma de la banalidad del mal. Resultado de sus circunstancias como lo somos todos, Eichmann cometió un mal contra la humanidad, no por ser cruel o malvado intrínsecamente, sino por su falta de conciencia, lo cual se traduce naturalmente en la carencia de principios éticos.

A lo largo de la historia las diferentes culturas y sociedades siempre han caído en actos de extrema barbarie.  Ahora para esclarecer las ideas considero pertinente analizar el término barbarie, éste, según el diccionario de la RAE significa: Rusticidad, falta de cultura. f. Fiereza, crueldad.

Claramente de lo anterior podemos concluir que la rusticidad se caracteriza por la falta de cultura y que la fiereza tanto como la crueldad son consecuencia de la rusticidad, y si entendemos el termino rusticidad como primitivismo, caeremos en cuenta que el proceso civilizatorio propio de la humanidad está basado en el aprendizaje que la experiencia deja. Hoy las condiciones de conocimiento científico existentes en todas las áreas y ámbitos del quehacer humano nos permiten tener conciencia del bien y el mal, entendiéndose como el bien aquello que es benéfico para la humanidad y el planeta tierra en su conjunto. Considerando lo anterior se nos presentan dos alternativas: o no se tiene conciencia por ignorancia o en todo caso el apasionamiento que genera el deseo egoísta lleva a las personas a actuar ciegamente sin pensar siquiera en las consecuencias de sus actos.

Estos pasajes negros de la historia nos hablan de la inconsciencia de la mayoría de los seres humanos, sin embargo, también es innegable que existe una acumulación de experiencia y

Imagen tomada de: omarpal.blogspot.com
Imagen tomada de: omarpal.blogspot.com

conocimiento derivado de ella. Actualmente no hay lugar para tales equivocaciones en virtud de que el futuro de la humanidad está en juego. Hoy, una guerra a nivel planetario implicaría el exterminio de la especie, por lo tanto, estamos obligados a ser conscientes de ello. Lo anterior es razón más que suficiente para transformar radicalmente la cultura que ha dado pie a tan graves actitudes. Los seres humanos no somos ni malos ni buenos, simplemente somos más o menos inconscientes, por ello es que sólo la expansión de la conciencia puede conducirnos a tomar responsabilidad por nuestro futuro. Ya lo decía Sócrates: el único mal es la ignorancia, el desconocimiento de uno mismo.

Un niño por ejemplo, no puede ser calificado de irresponsable ya que su ignorancia o desconocimiento del mundo es casi total. De igual manera no se le puede achacar esto a la humanidad, ya que hasta la fecha esta ha sido como un infante que ha ido adquiriendo conocimientos y experiencia.

El hombre en los albores de nuestra civilización era un ser desamparado, necesitado de explicaciones. Estas explicaciones, dado el grado casi nulo de conocimiento con el que se contaba, se confinaban primero a ideas animistas y luego a la idea de la existencia de un Dios Padre, que tenía el control de todos los acontecimientos, que decidía a su arbitrio el destino de sus hijos humanos, lo cual tenía el efecto de dar seguridad y confort al animal humano, pero al mismo tiempo lo despojaba de todo sentido de responsabilidad. Al ser el padre el que decide, el hijo no puede más que esperar el mandato. Por otro lado la idea de Dios coopta al ser humano en el sentido de que no le permite plantear preguntas, dado que la creencia en él, conduce a la idea de que no existen respuestas más allá de su arbitrio, el universo no es cognoscible, es simplemente la creación arbitraria de un ser todopoderoso.

Jostein GaarderLo anterior nos deja claro que a lo largo de la evolución de la humanidad ésta ha sido como un pez que es llevado por la corriente del rio, sin responsabilizarse de su futuro. El tiempo ha llegado, ahora debemos de dar el gran salto, el conocimiento acumulado a lo largo de muchos  milenios nos posibilita para hacernos cargo de nuestro futuro como especie. Sin embargo el proceso civilizatorio aun ha de madurar un tanto, lo cual implica dejar atrás creencias atávicas como lo es la trasnochada idea de Dios Padre que prevalece en amplios segmentos de la población.

Para que el futuro de nuestra especie sea luminoso, para que podamos superar cada vez más las contradicciones que nos atañen en este estadio, para que podamos continuar con nuestra travesía cósmica, debemos de educar a las siguientes generaciones con principios éticos, filosóficos y científicos de validez universal. No por la fuerza, no por el miedo al castigo, sino por el entendimiento de la imperiosa necesidad de la aplicación de estos para el bien de todos. Para que esto sea posible se debe de trabajar para la gestación de una toma de conciencia masiva, un despertar colectivo que lleve a una radical transformación de todo el contexto cultural que aún sigue vigente aunque en fase terminal.

SuperhombreSolo dejando atrás el estado infantil, es que podremos asumir con responsabilidad la  conducción de nuestro futuro como especie de la humanidad, solo así podremos superar realmente lo que Thorstein Veblen llamó “la fase depredadora” del desarrollo humano.

El famoso filósofo Alemán Federico Nietzsche logró reconocer esta situación por la que atraviesa el ser humano, reconoció que el momento para dar un salto de madurez había llegado. Por desgracia sus ideas respecto de un Superhombre capaz de plantar cara a tales afrontas y responsabilidades históricas fueron tergiversadas, manipuladas y usadas como bandera de los nazis. Para concluir, dejo unas palabras de Nietzsche quien pensaba que el ser humano despojado de la idea de Dios como Rey sentado en su trono separado de la Creación es libre para construir su destino, no sin que antes ocurra una transvaloración de todos los valores:

“Para enseñar al hombre que el futuro del hombre es voluntad suya, que depende de una voluntadNietzsche humana, y para preparar grandes riesgos y ensayos globales de disciplina y selección destinados a acabar con aquel horrible dominio del absurdo y del azar que hasta ahora se ha llamado “historia” -el absurdo del “número máximo” es tan sólo su última forma-: para esto será necesaria en cierto momento una nueva especie de filósofos y de hombres de mando, cuya imagen hará que todos los espíritus ocultos, terribles y benévolos que en la tierra han existido aparezcan pálidos y enanos. La imagen de tales jefes es la que se cierne ante nuestros ojos: -¿me es lícito decirlo en voz alta, espíritus libres? Las circunstancias que en parte habría que crear y en parte habría que aprovechar para que aquéllos surjan; las sendas y pruebas presumibles mediante las cuales un alma ascendería hasta una altura y poder tales que sintiese la coacción de realizar tales tareas; una transvaloración de los valores bajo cuya presión y martillo nuevos una conciencia se templaría, un corazón se transformaría en bronce, de modo que soportase el peso de semejante responsabilidad…”

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