Psicología Cuántica – Dualidades Marido/Mujer y Onda/Partícula

Tiene un gran valor dedicar un espacio del día y de la vida a reflexionar sobre todas aquellas cosas que no comprendemos, que nunca hemos pensado o que nos atormentan. Vale por ello la pena tomarle la mano por un momento al filósofo y novelista Robert Anton Wilson (1932 -2007) para ser conducidos hacia un viaje lleno de cavilaciones e  intuiciones extraordinariamente profundas. De tal suerte que aquí reproducimos un primer fragmento de su famosa obra Psicología Cuántica:


Dualidades Marido/Mujer y Onda/Partícula

Dicho sea de paso, no tengo ninguna cualificación académica para escribir sobre mecánica cuántica, pero esto no me ha impedido tratar el tema muy alegremente en cuatro libros anteriores.

echotemplate1.inddAlgunos lectores pueden preguntarse dónde conseguí mi chutzpah. Después de todo, la mayoría de los físicos afirman que los principios de la física cuántica contienen problemas (o paradojas) tan abstrusos y recónditos que se necesita una licenciatura universitaria en matemáticas avanzadas para comprender completamente el asunto. Empecé a dudar sobre ello después de que una novela mía, El gato de Schroedinger -el primero de mis libros en que trato sobre lógica cuántica exclusivamente- recibió una crítica muy favorable en New Scientist por parte de un físico (John Gribbin) que aseguraba que debía tener alguna licenciatura en física avanzada para haber escrito el libro. De hecho, no tengo ningún título de física (todo lo que tuve de física en la universidad consistió en mecánica de Newton, óptica, luz, electromagnetismo y un simple curso genérico sobre las ideas de la Relatividad y la Teoría Cuántica).

Si parezco comprender bastante bien la lógica cuántica, como otros físicos además del Dr. Gibbin han asegurado, esto resulta del hecho de que la psicología transaccional, el estudio de cómo procesa los datos el cerebro -un campo en el que sí que tengo cualificación académica- contiene exactamente las mismas rarezas que hace infame al universo cuántico. En realidad, podría incluso decir que el estudio de la ciencia cerebral prepara a uno para la teoría cuántica mejor que de lo que lo hace el estudio de la física clásica.

Esto puede que sorprenda a muchos, incluyendo aquellos físicos que aseveran que la incertidumbre cuántica sólo es aplicable al mundo subatómico, y que en los asuntos cotidianos “aún vivimos en un universo newtoniano”. Este libro se atreve a mostrar desacuerdo con esa sabiduría aceptada; Yo tomo exactamente la posición contraria. Mi esfuerzo aquí tratará de demostrar que los célebres “problemas” y “paradojas” y los enigmas filosóficos generales del mundo cuántico aparecen también en el día a día.

tu-percepciónPor ejemplo, la ilustración del principio del capítulo uno -en la cual puede verse una mujer joven o una señora mayor- demuestra un descubrimiento fundamental de la psicología perceptiva. Este descubrimiento se enuncia de muchas formas distintas, en varios libros, pero el enunciado más simple y general, creo que dice algo así: la percepción no consiste en una recepción pasiva de señales sino en una interpretación activa de señales (o: la percepción no consiste en re-acciones pasivas sino en trans-acciones creativas y activas).

La misma ley aparece en la teoría cuántica, con palabras diferentes. Mayormente los físicos la enuncian como “el observador no puede ser dejado fuera de la descripción de la observación” (el Dr. John A. Wheeler va más allá y dice que el observador “crea” el universo de observación). Voy a intentar mostrar que la similitud de estos principios derivan de una similitud más profunda que une la mecánica cuántica y la neurociencia entre sí (y con ciertos aspectos de la filosofía oriental).

gato de schrodingerDe manera parecida, parientes cercanos de monstruos cuánticos tales como el Ratón de Einstein, el Gato de Schroedinger y el Amigo de Wigner1 aparecen a cuenta de cómo identificas algo a lo largo de la habitación como un sofá y no como un hipopótamo. Demostraré e iré aclarando a medida que avancemos. Mientras tanto, como punto de referencia consideremos esto:

Los físicos están de acuerdo en que no podemos encontrar la “verdad absoluta” en el reino cuántico, sino que tenemos que contentarnos con probabilidades o “verdades estadísticas”. La Psicología Transaccional, la psicología de la percepción, también dice que no podemos encontrar la verdad absoluta en su campo de estudio (los datos sensibles) y reconoce únicamente posibilidades o (algunos lo dicen claramente) “apuestas”. El físico afirma que en muchos casos no podemos llamar de modo significativo al gato de Schroedinger “un gato muerto” sino solamente “probablemente muerto”, y el psicólogo transaccional dice que en muchos casos no podemos llamar a la Cosa en la Esquina “una silla” sino “probablemente una silla”. El simple juicio “o este/o el otro” -“muerto” o “vivo”, “una silla” o “no una silla”- se ha convertido, no en el único caso en lógica, sino en el caso extremo o limitante, y algunos dicen que es sólo un caso teórico (si te sientes confundido, no te preocupes. Examinaremos estos problemas en mayor detalle más adelante, y te sentirás más confuso).

En resumen, cuando la neurociencia moderna describe cómo nuestros cerebros operan en realidad, por fuerza se hace alusión al mismo tipo de paradojas y/o a la misma lógica estadística o multivariable que encontramos en el reino cuántico. Así pues, me atrevo a escribir sobre un campo que no es el mío propio porque, en muchos debates con físicos cuánticos, he encontrado el asunto totalmente isomorfo a mi propia especialidad, el estudio de cómo las percepciones y las ideas entran en nuestros cerebros.

cognition cuanticPara el psicólogo transaccional, la mecánica cuántica tiene la misma fascinación (y el mismo parecido a la ciencia cerebral) que la criptozoología, la lepufología y los Sistemas de Desinformación, y todos estos campos, el científicamente formal y el extraño con mala fama, llevan consigo un distintivo familiar de parecidos entre unos y otros.

Quizás mejor si explico esto último. La criptozoología trata con (a) animales cuya existencia sigue sin haber sido probada ni refutada (por ejemplo, la serpientes gigantes que supuestamente viven en el Lago Ness, el Lago Champlain, etc; el Yeti; el Abominable Hombre de las Nueves del Himalaya, etc.) y (b) animales avistados en lugares donde no se los espera (el león de montaña de Surrey, Inglaterra; los canguros de Chicago; los cocodrilos de las alcantarillas de Nueva York, etc.). Aquellos que “saben” como juzgar dichos datos no están al tanto de la neurociencia; aquellos que más saben de neurociencia muestran el mayor agnosticismo sobre estos bichos y también tienen la mayor falta de voluntad de juzgarlos.

La lepufología concierne a los avistamientos de OVNIs en los que los conejos juegan un rol importante -y normalmente muy misterioso (algunos casos, tanto de criptozoología como de lepufología aparecen en mi libro, La Nueva Inquisición, 1987). De nuevo, aquellos que “saben” que la lepufología no puede aportar datos útiles normalmente no saben nada de neurociencia, en absoluto. Los casos en los que granjeros aseguran que unos OVNIs les robaron sus conejos constituyen una arena ideal en la que probar la Psicología Cuántica Transaccional contra las prematuras certidumbres de los Creyentes Dogmáticos y de los Negecionistas Dogmáticos.

Los Sistemas de Desinformación consisten en engaños elaborados, construidos por agencias de inteligencia tales como la CIA, la KGB o el MI5 de Inglaterra en los que en una historia de tapadera, al ser creada, incluye en ella un segundo engaño, disfrazado como “la verdad oculta” para cualquier rival sospechoso que consiga excavar bajo la superficie. Ya que los Sistemas de Desinformación se han multiplicado como las bacterias, cualquier psicólogo de la percepción que eche un vistazo a la política moderna reconocerá que la lógica cuántica, la teoría de la probabilidad y fuertes dosis de zeteticismo son las mejores herramientas a emplear para estimar si el presidente nos ha soltado alegremente otra gran mentira o ha dicho la verdad por una vez.

Después de todo, incluso aquellos que crean los Sistemas de Desinformación son tragados por los Sistemas de Desinformación concebidos por sus rivales. Como dijo una vez Henry Kissinger, “aquella persona que no esté paranoica en Washington, debe estar loca”.

Al tratar con la criptozoología, la lepufología, los Sistemas de Desinformación y la mecánica cuántica, al final uno siente como haber llegado a un sinsentido total, a un defecto básico en la mente humana (¿o en el Universo?) o a alguna fuga mental similar a la esquizofrenia o al solipsismo. Sin embargo, como hemos visto al principio y volveremos a ver una y otra vez, las percepciones ordinarias de la gente normal contienen tantas “rarezas” y misterio como todas estas ciencias ocultas juntas.

Así, trataré de mostrar que las leyes del mundo subatómico y las leyes de la “mente” humana (o sistema nervioso) son, de manera precisa, exquisita y elegante, análogas hasta los detalles más minuciosos. El estudiante de la percepción humana y de cómo la deducción deriva de la percepción, no se asustará en el, supuestamente aturdidor, área de la teoría cuántica. Vivimos en medio de la incertidumbre cuántica toda nuestra vida, pero normalmente logramos ignorarlo; el psicólogo transaccional no ha tenido más remedio que verse forzado a enfrentarse a ello directamente.

matrix-notaEste paralelismo entre la física y la psicología no debería ocasionar gran sorpresa. El sistema nervioso humano, después de todo -la “mente” en lenguaje precientífico- creó la ciencia moderna, incluyendo la física y la matemática cuántica. Uno debe esperarse encontrar el genio, y los defectos, de la mente humana en sus creaciones, como siempre se encuentra la autobiografía del artista en su obra.

Consideremos este simple paralelismo: un matrimonio van a un asesor matrimonial buscando ayuda. Él cuenta una historia acerca de sus problemas. Ella cuenta una historia completamente distinta. El asesor, si es bueno y sofisticado, no cree a ninguna de las partes al completo. En cualquier otro lugar en la misma ciudad, dos estudiantes de física repiten dos famosos experimentos. El primer experimento parece indicar que la luz viaja en forma de onda. El segundo parece indicar que la luz viaja en forma de partículas discretas. Los estudiantes, si son buenos y sofisticados, no creen en ninguno de los resultados. El psicólogo sabe que cada sistema nervioso crea su propio modelo del mundo, y los estudiantes de física de hoy saben que cada instrumento también crea su propio modelo del mundo. Tanto en psicología como en física hemos dejado atrás las nociones medievales aristotélicas de “realidad objetiva” y hemos entrado en un reino no-aristotélico, aunque en ambos campos permanecemos en la duda de qué nuevo paradigma sustituirá el paradigma aristotélico verdadero/falso de los siglos pasados.

La famosa ecuación de Claude Shannon de la información contenida en un mensaje, H, dice

H = –∑pi logepi

El lector al que le aterroricen las matemáticas (convencidos por profesores de incompetentes de que “yo no puedo comprender eso”) no hace falta que se asuste. ∑ significa simplemente “la suma de”. El símbolo pi nos dice qué sumaremos, nombrando a las distintas probabilidades (p1, p2… etc. hasta pn, donde n es igual al número de señales del mensaje) que podemos predecir de antemano que aparecerán a continuación. La función logarítmica lo que hace es mostrarnos que esta relación no acumula aditivamente sino logarítmicamente. Atención al signo negativo. La información en un mensaje es igual al negativo de las probabilidades que se pueden predecir que vendrán a continuación en cada paso. Cuanto más fácil sea predecir un mensaje, menos información contiene éste.

Norbert Weiner una vez simplificó el significado de esta ecuación diciendo que la buena poesía contiene más información que los discursos políticos. Nunca sabes que viene a continuación en un poema verdaderamente creativo, pero en un discurso de George Bush no solamente sabes que es lo próximo que va a decir, sino que probablemente podrías predecir el discurso completo antes de que incluso abra la boca.

Una película de Orson Welles contiene más información que una película normal porque Orson nunca dirigió una escena del modo que cualquier otro director lo haría.

Puesto que la información aumenta logarítmicamente, y no de manera aditiva, el índice de flujo de información ha crecido continuamente desde los albores de la historia. Por citar algunas estadísticas del economista francés George Anderla (bastante familiar para los lectores de mis libros) la cantidad de información se duplicó en los 1500 años entres Jesús y Leonardo, se duplicó de nuevo en los 250 años desde Leonardo hasta la muerte de Bach, se duplicó otra vez a comienzos de nuestro siglo, etc. y se duplicó en los siete años entre 1967 y 1973. El Dr. Jacques Vallee estimó recientemente que actualmente la información se duplica cada 18 meses.

tunelObviamente, cuánto más rápidamente procesamos la información, más ricos y complejos serán nuestros modelos -nuestros túneles de realidad.

La resistencia a la información nueva, sin embargo, tiene un fundamento neurológico muy fuerte en todos los animales, como indican los estudios de condicionamiento. La mayoría de los animales, incluso los primates más domesticados (los humanos) muestran una habilidad asombrosa para “ignorar” ciertos tipos de información -aquella que no “encaja” en su túnel de realidad condicionado. Generalmente a esto se le llama “conservadurismo” o “estupidez”, pero aparece en todas las partes del espectro político, y es aprendido en sociedades tales como el Ku Klux Klan.

Psicología cuántica. Robert Anton Wilson.

Traducción de Ka. para Fragmentos de Textos Selectos

https://fragmentosdetextosselectos.wordpress.com/2012/06/14/dualidades-maridomujer-y-ondaparticula/

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