Desempolvando a Castoriadis

castoriadis
Cornelius Castoriadis

La sociedad contemporánea, sociedad que padecemos y vivimos, es una sociedad harto compleja, sumamente intrincada y que requiere de ideas clarificadoras. Muchas veces esas ideas ya están disponibles pero se encuentran enterradas, están extraviadas o en su defecto olvidadas. La labor de un intelectual muchas veces tiene que ver con recuperarlas y hacerlas visibles, restaurarlas y ponerlas a disposición de la sociedad y ese es el objetivo de este texto.

Hay pensadores ilustres que brillaron por sus originales contribuciones pero que su imagen junto con sus ideas sufrieron un destino fatídico, y no precisamente porque hayan muerto trágicamente, sino porque su herencia se fue erosionando y cubriendo de arena hasta el punto de quedar sepultada. Así como un arqueólogo y nigromante a la vez, los filósofos a veces debemos de darnos a la tarea de escarbar y traer de vuelta a los muertos, de desempolvar sus obras y hacer de nuevo utilizables las herramientas que nos fueron legadas.

Un caso especial donde todo esto se revela como cierto es el del filósofo griego, clásico, pero no por ser de la época clásica (es decir, de la Grecia antigua), sino por su dignidad y su vigencia, Cornelius Castoriadis. Este personaje, en su tiempo reconocido al punto de ser considerado una figura pública y política en la Europa de la segunda mitad del siglo XX, hoy sólo es conocido por los eruditos y los bibliotecarios. Incluso en las academias e instituciones de enseñanza en áreas relativas a las humanidades y las ciencias sociales Castoriadis ya pasa desapercibido.

Sobra decirlo, pero este eminente pensador siempre fue alguien comprometido con la sociedad de su época, nunca desestimó la importancia de la participación política y de la difusión de las ideas concientizadoras, por el contrario, siempre trato de influir de una u otra forma en la sociedad. Ejemplo claro de ello fue su militancia durante algún periodo en el partido comunista francés y también la fundación del grupo marxista Socialismo o Barbarie al lado de Claude Lefort y otros actores sociales de la época. A la par de ello también destacó su papel en la creación de una revista del mismo nombre (Socialismo o Barbarie), que gozó de mucha popularidad entre los círculos intelectuales y políticos de su tiempo.

No obstante, el hecho de que ya no sea reconocido no tiene que ver con que sus contribuciones o sus ideas fuesen obtusas o que ya resulten anacrónicas. En definitiva, las razones a las que se debe el olvido son de otra índole, porque muy por el contrario, la herencia de este pensador en términos de instrumentaría para pensar la realidad es invaluable en tanto que resulta más actual que nunca. Es menester por ello aproximarnos a sus postulados clave, aquellos pueden hacen mella y dejan huella, esos que por sí mismos resultan lúcidos y capaces de desentrañar lo que en apariencia resulta ininteligible de nuestra sociedad y del ser humano.

En un mundo que se convulsiona y en el que las alternativas históricas de organización social que hubo en un momento dado fracasaron y que parece no haber otras a la vista, es de primera necesidad repensar el panorama histórico, político y social. Para dar cuenta de las circunstancias por las que atraviesa la humanidad tenemos que entender algunas particularidades de cómo funciona el Kosmos y el ser humano como parte de éste. Dentro de este contexto debemos de entender que la historia se encuentra abierta a las contingencias y que éstas han definido el camino hacia lo que vivimos hoy en día. Por y para esto es que considero que las herramientas intelectuales ingeniadas por Castoriadis, ya que van en esa dirección, deben de ser revaloradas y se les debe su justo lugar. Precisamente creo que retomando algunas de sus aportaciones es que podemos encontrar ciertas claves para alumbrar nuestro espacio histórico y transformarlo.

Dejando el preludio de lado procederé ahora a penetrar en el pensamiento de este célebre filósofo.castoriadis1

Entrando en materia, es imprescindible primero señalar el hecho de que Castoriadis se formó dentro de la escuela de pensamiento marxista, lo cual significa que en sus primeros andares pensó la historia humana y el devenir bajo categorías marxistas tal como eran entendidas por la tradición en su época, sin embargo, con el tiempo fue resignificándolas e inventando categorías propias.

El factor que originó que Castoriadis rompiera de manera definitiva con la tradición marxista clásica fue el acercamiento en profundidad al psicoanálisis. Esta influencia en su vida fue fundamental para que descubriera la parcialidad de muchos postulados marxistas y a partir de ello pudiera desarrollar su propio pensamiento. Parte del producto resultante fue una ardua crítica al enquistado marxismo rígido y dogmático, del cual, sobra decir, que el tiempo terminó por poner en su lugar, mostrando su fracaso para interpretar la totalidad de los fenómenos de la sociedad contemporánea.

De esta manera, una de las empresas que Castoriadis realizó con empeño en su vida fue la de examinar con detalle la doctrina marxista para rescatar las herramientas realmente útiles y revolucionarias (las cuales sin duda son muchas), y desechar los puntos débiles y errados. El gran ejemplo de esto fue el determinismo histórico presupuesto por esta filosofía, al que Castoriadis no dudo en condenar.

Los modelos de pensamiento que se sostienen en la idea de que es posible describir y predecir mediante leyes rígidas el desarrollo de la sociedad y de la historia están condenados a fracasar en sus predicciones, este fue uno de los descubrimientos de Castoriadis. La razón de que estén avocados a fallar tiene que ver con están basados en una errónea cosmovisión, que consiste en asumir que el Kosmos es cerrado y determinista, esto quiere decir un universo que funciona mecánicamente como una máquina (la imagen del gran reloj cósmico), un orden racional unilateral absoluto, se trata pues de suponer que el universo es una especie de estructura militar, totalmente disciplinada y rígida en su funcionamiento, un Kosmos completamente estable en el cual no hay lugar para las eventualidades.

El pensamiento dominante a lo largo de la época moderna comenzado por Newton y Descartes ha estado cimentado en lo que podemos denominar causalidad mecánica o lineal, o simplemente mecanicismo, esto es la idea de un Kosmos cerrado que es puro orden, donde por obvias razones el Caos y la incertidumbre no existen y por  lo tanto esos conceptos no son más que improperios de mentes nubladas. Esto es como si el escenario cósmico se tratase de un juego de ajedrez en el cual, como bien sabemos, las reglas y el tablero están determinados de antemano y son fijos, lo cual se traduce en un número finito de movimientos predeterminados. Podemos imaginar también que el universo es como el juego de billar, el espacio esta representado por una gigantesca mesa de billar y todo lo que contenido en él se representa por las bolas. Ahora bien, bajo esta lógica se supone posible calcular y hacer predicciones exactas sobre todos los movimientos pasados y futuros de las bolas mediante ecuaciones simples siempre y cuando se conozcan las posiciones iniciales y la fuerza operante sobre ellas. Esto es posible porque en la mecánica clásica el tiempo no juega un papel importante en la medida en la que los fenómenos que describe son de naturaleza reversible.

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P. S. Laplace

La mejor representación de este pensamiento se encuentra en el gedankenexperiment (experimento mental) mejor conocido “el demonio de Laplace” propuesto por el físico del S. XIX Pierre Simón Laplace, que versa lo siguiente: “si uno conoce la velocidad y posición de las partículas de un sistema  y es capaz de resolver las ecuaciones matemáticas de Newton, puede predecir con toda exactitud el comportamiento del sistema en cualquier tiempo futuro”. Para expresar esta idea de forma más gráfica, Laplace imaginó un demonio, capaz de conocer la posición y velocidad de todas las partículas del Universo en un momento dado, y capaz también de resolver las ecuaciones de Newton del Universo. Un demonio con estas capacidades conocería el devenir de todo lo que existe, conocería el más leve movimiento de cualquier cosa o persona que viviera en los próximos cien mil millones de años” (1)(2). Se trata pues de la imagen de un basto mecanismo Kósmico gobernado estrictamente por la causalidad.

Para clarificar esto hay que entender lo siguiente, conceptualizar el Kosmos de esa manera implica que no existe la incertidumbre, existe la ignorancia humana, pero no la indeterminación dado que todo en realidad está determinado, cada pieza ya esta jugada de antemano.  En este sentido no existe espacio para la libertad ni para la creación.

Estas visiones cerradas de corte mecanicista, cuando se aproximan a pensar los fenómenos que atañen al ser humano y a la sociedad incurren siempre, según Castoriadis, en la equivocación de “llevar el funcionamiento de la sociedad a ciertas leyes, no jurídicas, sino sociales, casi naturales” y por ello inmutables, y por otro lado preestablecen “la consecución de las etapas históricas o  determinan a grandes rasgos lo que va a pasar”.

De esta forma las contingencias sólo caben en el repertorio de términos dispuestos para adular a la ilusión y la ignorancia. En otras palabras, las contingencias no existen, el universo, la sociedad y las circunstancias históricas ya están predestinadas o predeterminadas  y sólo basta con descubrir las leyes que gobiernan tal predeterminación. A esto se han consagrado desde los primeros científicos modernos, hasta los positivistas y los estructuralistas pasando por los marxistas, lo cual se ha ido revelado como inoportuno y falso. Además esta forma de pensar incluye la idea de finalidad, una finalidad totalmente preestablecida, es decir, que la  historia en sí misma tiene un punto final último que necesariamente será alcanzado, y lo será siguiendo una secuencia causal en línea recta de eventos gobernados por leyes inmutables. De esta manera el ser humano se reduce a no más que una máquina por no decir que se reduce a la nada. Reiterando un poco, si así fuesen las cosas parece que no hay lugar para creatividad o novedad alguna, ni tampoco para el hombre, su imaginación y sus decisiones.

40949583-Flechas-opuestas-con-Caos-frente-Orden-Dibujo-a-mano-con-tiza-en-la-pizarra-Imagen-conceptual-Elecci-Foto-de-archivoCon esto no es que se quiera apuntar a lo contrario y decir que el universo no sigue pautas o que sea anárquico en su funcionamiento. El asunto es que, en realidad no existe ninguna determinación absoluta, existen determinaciones relativas o parciales pero no absolutas, por ello es que Castoriadis no sólo abogó por que se acepte que es posible la emergencia de novedad entendida como algo impredecible, sino que la conceptualiza a partir de la dialéctica que se da entre dos dimensiones o fuerzas que operan no solo en el ser humano sino también en todas las cosas. Existe una dimensión de orden y otra de caos, una de determinación y otra de libertad que atraviesan todo el basto ser del universo, cuando se trata del ser humano una atañe a los medios y otra a los fines, y se manifiestan en lo que Castoriadis llamó la dimensión racional o de la lógica identitaria, y por otro lado la que denominó como dimensión magmática.

La primera corresponde a las actividades que son racionales en el sentido de que intentan escoger los mejores medios para la consecución de determinados fines, es decir, a la habilidad para organizar los medios para la consecución de un fin. Sin embargo la otra dimensión es la que establece el fin y este fin puede escapar a la determinación en el sentido tradicional, es decir, puede y surge muchas veces de la imaginación libre. Estos dos atributos se mezclan y se funden para dar forma a lo humano.

El nombre magmático es adecuado en la medida en la que describe una realidad que se desdobla y en ese proceso se desborda a sí misma. Así como el magma de un volcán, el universo es creativo mientras que se derrama y se desborda a si mismo yendo más allá de sus aparentes limitaciones. De esta forma también el ser humano es capaz no solo de trascender sus límites sino de escapar parcialmente a la determinación del tipo que sea (física, biológica, histórica o psicológica) gracias a la imaginación que es nuestro espacio de libertad por excelencia.

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Edgar Morin

Esto queda demostrado no por un postulado teórico, sino por la realidad misma que ha demostrado que siempre termina por no encajar en los moldes de nuestras predicciones cuando se trata de fenómenos complejos y también basta con mirar hacia dentro de uno mismo y observar el proceso imaginativo. Más aún, la misma física cuántica ha descubierto que la indeterminación y la incertidumbre son pilares para entender la naturaleza de la realidad.

Así, muy de la mano con los postulados de su amigo Edgar Morin, Castoriadis afirma que la realidad tiene un potencial creativo, representado por lo que en términos de Morín se conoce como emergencia (La emergencia o el surgimiento hace referencia a aquellas propiedades o procesos de un sistema no reducibles a las propiedades o procesos de sus partes constituyentes.). De la misma forma que el producto del enlace de dos átomos de hidrogeno y uno de oxigeno escapa a nuestra pure-water-248452capacidad predictiva porque las propiedades del agua, compuesto que es el resultado de este enlace, no se reducen a sus componentes, el resultado de la interacción de los individuos y las sociedades no puede ser determinado a priori por ningún modelo teórico por la misma razón. La realidad por lo tanto no puede ser pensada en términos reduccionistas o lineales, requiere ser pensada de forma compleja entendiendo que la dimensión magmática es una propiedad que siempre tejerá caminos insospechados.

Bajo este apartado es que Castoriadis sostiene que “no hay modo particular de ser en domino social histórico”. La razón de tal afirmación se estipula en la medida en la que la dimensión magmática está presente en el ser humano. Y está presente en lo que Castoriadis bautizó como “la imaginación radical” que se infunde en el imaginario colectivoy tiene como facultad la creación de significados. Precisamente la encarnación de éste en las instituciones es lo que determina los fines y por lo tanto las conductas de los seres humanos en sociedad, sin embargo, este imaginario es relativamente libre y por ello puede ser muy creativo.

Para ejemplificar: han existido millares de sociedades, incluso sociedades vecinas, radicadas en el mismo medio ambiente y con los mismos medios técnicos pero que son radicalmente distintas tanto para un buen observador como para la que gente que las vive desde dentro. ¿Pero en qué sentido son distintas podríamos preguntarnos? Precisamente lo que las diferencia es lo que Castoriadis designó como “signos de la imaginación social, esto es, en cuanto a sus normas, costumbres, valores, modos de vivir, modos de educar a los niños, instituciones, etc. Entonces nos dice Cornelius que el hecho de que una cultura pueda ser tan diferente de otra aunque por la condiciones materiales podría no serlo tiene que ver con la dimensión desbordante de la que hablamos, de esta forma es que  “la institución de la sociedad es cada vez, obra de la propia sociedad y esta obra deriva, se desprende de […] el imaginario colectivo”.”

Según Castoriadis, “hay una creatividad del imaginario colectivo, que es el imaginario instituyente, que plantea instituciones en las cuales los significados se encarnan y que es creador porque estos significados e instituciones, podemos decir verdaderamente que vienen ex nihilo.” De  esta manera cada sociedad construye un mundo que le es propio, esto es, una cultura única y queda claro también que la historia humana no es un proceso mecánico el cual se pueda predecir sin margen alguno de incertidumbre, esto por la razón de que nuestra creatividad es impredecible.

laeducacioninteresante.wordpress.com
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Ahora, lo que mantiene unida a una sociedad es precisamente la creación de significados en común. Castoriadis ejemplifica mencionando a las sociedades que se organizan en basándose en las tres grandes religiones monoteístas. Éstas están instituidas en función de un mito o significado central que es Dios y este es lo que las amalgama o unifica, es decir, Dios crea instituciones mientras que da sentido, indica un camino, una forma de vivir, de pensar, de hacer las cosas, etc, etc. De nuevo se afirma entonces que el Ser no es separable de la noción de creación; el imaginario y la imaginación, atraviesan al Ser psíquico, social e histórico creando e imponiendo significados que tienen una gran densidad ontológica, es decir, tienen peso en la realidad en tanto que originan procesos, se convierten en causa de cosas, en otras palabras moldean la realidad.

El Ser, nos dice Castoriadis, no debe de  ser pensado entonces como algo mecánico o como un sistema de determinaciones, no se debe de pensar en él como algo cerrado. Más bien, indica Cornelius el ser no está determinado, en el sentido de que hace surgir nuevas determinaciones que no estaban allí antes. Esto trasladado a otros términos quiere decir que siempre hay un factor de azar, de libertad, de indeterminación, de incertidumbre del cual emana la novedad, la creación.

Otro aspecto muy importante que se desprende de esto y que asemeja a la filosofía procreada por Castoriadis con la de Heidegger y los existencialistas es la idea de que el ser y el tiempo están íntimamente ligados,  pero nos especifica Castoriadis, que esto solo puede ser comprendido claramente si se introduce la idea de creación. En qué sentido se dice esto: “el ser es tiempo, porque el ser es creación, y la creación misma es lo que marca un antes y un después […] el tiempo verdadero no es el de los relojes, el verdadero antes y después es el tiempo que es dividido por el surgimiento de nuevas formas, de nuevos eidos, por la creación.”

Cambiando un poco el rumbo pero prosiguiendo con nuestro recorrido, Castoriadis pensaba, como se dijo, que el mundo social se basa o se construye sobre un cierto número de significados imaginarios y para él se pueden aislar una serie de significados instituyentes de nuestra sociedad contemporánea. Veamos:

estherlatacungauta.blogspot.com
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El capitalismo, sistema de organización social e ideología dominante, establece en un amplísimo grado, las instituciones de nuestros días y el sentido de nuestras vidas. Los significados que fungen como directrices son como bien lo señaló Marx, la acumulación del capital por un lado, y por otro la expansión de las fuerzas productivas, pero nos dice Castoriadis que en el fondo de todo esto se encuentra la idea de dominio racional (ver también: Dialéctica de la Ilustración; Horkheimer, Max, Adorno, Theodor).

Él rastrea esta idea hasta los principios de la era moderna, particularmente la encuentra ya formulada en Descartes y en Leibniz. Nos diría entonces Castoriadis que el paradigma de fondo de la modernidad es el de reyes que tratan de racionalizar la gestión de su reino y este reino es la naturaleza misma. Estos reyes temerosos de su entorno y por lo tanto divorciados de él tratan de controlarlo y explotarlo como objeto de consumo a toda costa, lo cual está revelando paulatinamente sus nefastas consecuencias.

Es fundamental hacer ver que el mundo contemporáneo está plenamente determinado por esta idea de dominio racional o científico, cada ámbito de nuestra vida está configurado de esta manera, desde la división social del trabajo, hasta la actitud de un médico, el modo en que un maestro da su clase o la forma en que los consumidores consumen. Ahora bien, siempre ha existido dominio en la sociedad,  pero este tipo de dominio es diferente al que tradicionalmente había existido, no es un dominio por la fuerza sino un dominio a través de la aplicación de medios racionales. El grave problema es que este fin ligado al capitalismo es destructivo en sí mismo, resultan absurdo y opuesto a la misma condición de posibilidad de la existencia de la especie humana y de otras especies.descarga

Por otro lado tenemos, nos indica Castoriadis, otra gran dimensión que tiene peso en el mundo moderno, que es la dimensión verdaderamente liberal. Esta dimensión está inspirada por otro gran significado que se remonta a los antiguos griegos y es el proyecto de autonomía individual y  colectiva y que es opuesta en realidad al espíritu del capitalismo y del dominio racional de la naturaleza y del hombre en el cual no existe libertad ni autonomía alguna.

La palabra autonomía significa de forma llana darse leyes a sí mismo, lo cual implica la capacidad de decisión individual, una capacidad de auto significación, de autodeterminación, y sin duda cierto grado de libertad.  Castoriadis señala puntillosamente que esto no quiere decir hacer lo que uno quiera espontáneamente o sin constricción alguna por factores diversos, ni mucho menos, más bien implica una profunda labor de reflexión y debate que permite al individuo darse leyes a sí mismo, regirse a sí mismo.

A partir de esto es que nuestro pensador considera que es necesario reivindicar a la política, retornado al génesis del significado, es decir a la idea que los  griegos tenían al respecto y no a la obscenidad de la actualidad. Así, debemos de entender que la política es “la acción humana que de modo lúcido, explicito, consciente, reflexivo,  trata de transformar las instituciones y la institución de la sociedad, para hacer a la sociedad más autónoma y a los individuos más autónomos.

Una sociedad autónoma es aquella que reconoce que sus leyes e instituciones son su propia creación, no ordenes divinas, ni cosas fijadas de una vez y para siempre, y que en el momento en que la sociedad lo establezca como pertinente pueden ser diluidas o modificadas. Resulta obvio que tal sociedad, es decir una sociedad autónoma, sólo puede existir si está formada por individuos autónomos cosa aún muy escasa en la sociedad.

Retomando lo dicho unos párrafos arriba, la destrucción y deshumanización del ser humano impulsada por el capitalismo y la racionalidad técnica no ha triunfado de manera absoluta, y esto se debe a que ha pervivido a lo largo de los siglos y hasta la actualidad este susodicho proyecto de autonomía.  La filosofía es contribuyente en este sentido, ha permitido que siga con vida este proyecto, ya que la filosofía, señala Castoriadis, es profundamente política porque es un hacer, y es un hacer que actúa muy sutilmente sobre los significados instituidos en la sociedad.

Bien podemos decir que, la filosofía va de la mano con el proyecto de autonomía porque la filosofía es libertad para pensar y reflexionar. El inconveniente en nuestra sociedad es que la filosofía y todo lo que atañe a la libertad debe de ser suprimido porque atenta plenamente contra lo instituido. Para poder dar vuelta al asunto, para que la filosofía, es decir la libertad de pensamiento siga existiendo en un futuro es necesaria una lucha de resistencia hasta que un se suscite un cambio radical que permita la existencia de una sociedad más autónoma.

La única forma de conseguir tal objetivo es creando significados y con ellos instituciones que así lo permitan, y estas no pueden ser otras que instituciones verdaderamente democráticas, es decir, instituciones que brinden a todos los ciudadanos las mismas posibilidades de participar en la gestión de la vida común. Y bien decía Aristóteles, a quien Castoriadis admiraba y de quien obtuvo muchas enseñanzas,  “ser ciudadano es ser capaz de gobernar y de ser gobernado y ambos casos son igualmente importantes”.

54101351El problema al que nos enfrentamos ahora es que ¿De qué manera puede un individuo ser autónomo si es la sociedad quien lo produce y esta sociedad considera indeseable la autonomía? Bien la sociedad puede producir individuos obedientes y que reproduzcan los significados establecidos, en otras palabras individuos heterónomos (que reciben leyes de otros, son gobernados por otros)  que es lo contrario a autónomos, sin embargo, también aunque de forma escaza gracias a la dimensión magmática que desborda todo orden es capaz de producir individuos autónomos, quienes deben de actuar enseñando a otros a reflexionar y pensar por sí mismos.

Entonces, la verdadera democracia requiere individuos autónomos, individuos que imaginen siendo conscientes de que imaginan y de la trascendencia que esto conlleva, y si bien ésta (la democracia) puede llevar a excesos nos indica Cornelius, es el único régimen verdaderamente humano a pesar de lo trágico, “porque nuestra existencia es trágica y nada garantiza nuestra salvación”. Así las cosas, diría Castoriadis “El fin último de una sociedad autónoma es la libertad, pero entendida con profundidad, es decir, la liberación de las instancias creativas de la imaginación radical de la psique”.

Habiendo ya revisado de manera bastante general las ideas de Castoriadis podemos concluir algunas cosas. En primera instancia, debemos de pensar la historia de una manera indeterminista, es decir que, debemos de tener en cuenta a la contingencia y a nuestra acción como factor determinante, nos ha tocado esta historia pero bien podía habernos tocado una diferente y lo que está por venir no está escrito.

Hay que encontrar el punto medio entre la determinación y la libertad ya que no somos simples marionetas de la historia, más bien somos actores, y los actores principales de nuestra propia historia, ésta está en nuestras manos y podemos transitar por distintos caminos, todo depende de nosotros mismos. Solo pensando así podemos asumir la responsabilidad de conducirnos, no según un plan “divino” o de algún “otro”, sino según nuestro propio plan (colectivo).

Fragmentos del caosPor otro lado tenemos que la racionalidad técnica y el capitalismo solo producen obediencia, esclavitud, heteronomía y alienación, así que debemos de encontrar el método de trascenderlos, y este en gran medida está ligado a los esfuerzos individuales y colectivos de personas autónomas. Solo a través de estos individuos actuando verdaderamente con autonomía y educando a otros a pensar por sí mismos y enseñando la auténtica democracia practicándola, se puede cambiar lentamente pero radicalmente la institución de la sociedad, para convertirla en una más autónoma, más libre, más plena.

En este viaje nuestra capacidad creativa, nuestra imaginación radical debe de acompañarnos en todo momento dando luz a través de sus creaciones a nuevos mundos, mundos que no estaban allí antes, y de esta manera con nuevos significados y nuevas instituciones la transformación será un hecho y la vida tendrá otra dimensión en la que la creación por sí misma será la culminación y el fin.

Bibliografía:

Video documental, Grandes Pensadores del Siglo XX con Ricardo Forster.
Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=dbqXiJ8b2Rs

Castoriadis, Cornelius “La institución imaginaria de la sociedad”. 1975, Tusquets Editores, Colección Acracia

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