La necesidad de una educación integradora

Se comprende que la civilización industrial del individualismo capitalista  reinante en la actualidad –que languidece rápidamente– es producto de una conciencia colectiva aun rudimentaria y egocéntrica y por ello es que no debe de ser mal juzgada, ni considerada como una anomalía, sólo es parte natural del curso de los acontecimientos históricos. La historia es sólo un reflejo de las acciones humanas y estas a su vez lo son de la conciencia, en última instancia por ello es que la historia es la Historia de la Conciencia.

240_f_60721931_93sla95vs2pxmqzdljib1yiheflohyrhLa conclusión de esto es que lo que nos ancla en las viejas estructuras a la vez de que lo que nos permitirá salir plenamente de ellas y crear un nuevo mundo es la conciencia, la cual en recientes tiempos se ha estado transformando aceleradamente y debe seguir por esa vía, empalmada vendrá la transformación para lograr un mundo mejor, sin embargo, la mejor forma de contribuir con el proceso es mediante la educación.

Antes hay que apuntar que la responsabilidad de la crisis de nuestra época no sólo recae en forma de pensar individualista propia del sistema actual, sino que estas características son en realidad producto y responsabilidad de una conciencia egocéntrica, que se traduce en una conciencia fragmentada y aislante acostumbrada a ver el mundo en retazos y el hecho de que las conciencias de la mayoría de los seres humanos aun operen bajo estas condiciones resulta en un lastre y una insensatez para los fines comunes a todos los humanos, como el bienestar general y el goce colectivo de la vida. Para esta conciencia inmadura y fragmentada, la comunidad no existe, sólo existen los individuos junto con sus nimios  deseos, y el aglomerado de éstos es lo que llaman sociedad, ésta queda reducida al amontonamiento de individuos, a una mera suma de egos que compiten por el ilusorio “éxito”. De esta forma resulta imposible tener en consideración al prójimo y su bienestar, y en consecuencia es imposible considerar el bienestar de la humanidad en su conjunto.

La humanidad ha creado todo un sistema de producción, reproducción y de organización de la vida basado en este tipo de actitudes, es decir, las actitudes egocéntricas y superfluas, y con ello sólo perpetúa un orden desequilibrado y destructivo. Esta sociedad piramidal y por lo tanto clasista se define porque sólo conoce una única ley y un único fin, la acumulación del capital y el lucro, en otras palabras, todo que gira en torno al absurdo “beneficio económico individual”. En esta ecuación el capital representa al poder y el poder representa la posibilidad de que el ego –fruto de una conciencia inmadura– se sienta seguro.

El calificativo de irracional lo podemos usar para designar a un pensamiento fragmentado y fragmentador, un pensamiento con tantos agujeros que no puede ver la imagen tal como es, uno que al no tener en cuenta la importancia y la realidad de las interrelaciones entre los seres y las cosas, obvia (omite) la necesidad de considerarlos, de actuar teniendo en cuenta al otro, de manera tal que un pensamiento así caerá siempre en oposiciones y contradicciones irresolubles que sólo solventará mediante la guerra y la destrucción.

mandala-de-gaia-2La realidad es que la realidad está interconectada y nosotros no somos la excepción, dependemos y participamos de todas las interrelaciones que mantienen la consistencia y equilibrio de los sistemas en muy distintos niveles y contextos. El humano es un ser que aislado –como cualquier otro–  no podría existir y mucho menos haber creado el lenguaje, la cultura y todo lo que ella implica. De ahí la necesidad de una ética verdaderamente comunitaria y planetaria que parta del principio de que el bien, es el bien tanto del individuo, como de la sociedad, como de la especie humana y las demás que cohabitan y equilibran la biósfera, y por ningún motivo ninguno de estos aspectos debe de ser excluido o reducido, todos tiene un lugar con su respectiva importancia. Este tipo de conciencia es a la que refiero como conciencia madura en oposición a la conciencia temprana (inmadura, rudimentaria, joven o arcaica) que se caracteriza por ser egocéntrica y por lo tanto excluyente y aislante.

ama-el-planetaVivimos en este pequeño planeta azul, este es nuestro barco, nuestra nave, nuestro hogar, un hogar compartido por todos, no solo seres humanos, sino todas las formas de vida existentes en su seno y debemos de ser responsables, debemos cuidarlo y mantenerlo mientras creamos condiciones de vida dignas de ser vividas por todos.

El pensamiento fragmentado, separatista y aislante que está hipotecando el futuro de la especie humana en el planeta aún se encuentra por doquier, ya sea en la forma de mitos, de dogmas científicos, de ideologías o de prácticas sociales, y esto se refleja concreta y plenamente, entre otras cosas, en la organización de los conocimientos disponibles y en la educación que impera hoy en día, educación que no tiene en cuenta ni al ser humano, ni a las relaciones existentes entre todas las cosas, solo tiene en cuenta la productividad y el lucro. No obstante, para integrarnos como sociedad, para hacer avanzar rumbo al bien común la historia, requerimos que nuestras mentes y nuestros conocimientos estén integrados. Por esto es que esta situación dentro del contexto de la educación y la ciencia debe virar seriamente su rumbo para ser, en vez de un lastre, un impulso, una entidad transformadora mediante la colaboración con el ensanchamiento de la conciencia colectiva.

Padecemos de una fragmentación increíble en todas las áreas del cocimiento, en la educación que se nos proporciona, y retroactivamente en la conciencia y mente de los individuos (aun cuando supuestamente estén educados).  Sin embargo, la educación es único medio realmente revolucionario, el único capaz de generar la conciencia de la necesidad del cambio, y conciencia del posible rumbo. Sólo la toma de conciencia puede hacer que nuestro animal interior termine por civilizarse, sólo ésta puede expandir nuestra identidad y nuestro deseo más allá de las pequeñas fronteras del ego.

Pero hay que distinguir entre escuela y educación las cuales se encuentran confundidas, la escuela es sólo una forma institucionalizada de un tipo de educación, del tipo que reproduce las condiciones descritas que atomizan y desintegran a la sociedad y al progreso convirtiéndonos en consumidores y esclavos inermes aparentemente satisfechos, en suma, la escuela sólo provee una educación mercantil y deshumanizada. Sin embargo la educación es algo más amplio, no necesariamente se encuentra encerrada en un edificio, ni en una institución, ni limitada sólo a un método y medio de implementación como se suele pensar típicamente. Están al alcance todo tipo de medios, desde los tradicionales hasta la Internet y sobre todo, la educación se realiza verdaderamente dentro del marco de la interacción humana enseñándonos unos a otros a respetar y apreciar a todas las cosas, y a pensar, para que utilizando nuestro pensamiento como nuestra mejor herramienta seamos capaces de cultivar nuestra conciencia y expandirla. No existe impedimento en este sentido que inhiba la posibilidad de que una educación planetaria y no fragmentadora se pueda implementar, la posibilidad ahí está.

Lo que es claro es que existen dos necesidades urgentes: la de democratizar y descentralizar la educación mientras que se le estime y se ponga en práctica como una actividad transformadora por convicción propia, es decir, como instrumento para hacer evolucionar las conciencias, pero para ello es necesario – he aquí la segunda necesidad–  integrar los conocimientos disponibles en un cuerpo coherente para crear una educación a la altura. Sin embargo, esta integración no debe de ser entendida como la suma enciclopédica de la información disponible, sino como un sistema abierto que logre conectar los distintos ámbitos del conocimiento que están disjuntos mediante el reconocimiento de los patrones que los conectan. Si nos remitimos al sentido original de la palabra enciclopedia y no a lo que entendemos hoy bajo ese concepto, eso es precisamente lo que requerimos, en palabras del filósofo francés Edgar Morin:

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De pronto, el problema insuperable del enciclopedismo cambia de rostro, Puesto que los términos del problema han cambiado. El término enciclopedia no debe ya ser tomado en el sentido acumulativo y alfabetonto en el que se ha degradado. Debe ser tomado en su sentido originario agkuklios paideia, aprendizaje que pone el saber en ciclo; efectivamente, se trata de en-ciclo-pediar, es decir, aprender a articular los puntos de vista disjuntos del saber en un ciclo activo.

El en-ciclo-pedismo aquí requerido pretende articular lo que está fundamentalmente disjunto y que debería estar fundamentalmente junto. El esfuerzo llevará, pues, no a la totalidad de los conocimientos en cada esfera, sino a los conocimientos cruciales, los puntos estratégicos, los nudos de comunicación, las articulaciones organizacionales entre las esferas disjuntas. (Morin, 1977, pág. 33)

La especialización del conocimiento, si bien ha creado una cantidad enorme de información, al mismo tiempo ha construido lagunas que aíslan a unos conocimientos de otros, esto es sólo útil a la dominación y a la división social de trabajo regente en el mundo, pero no realmente útil para sacudirnos y ponernos en perspectiva, no realmente útil para orientarnos y muchos menos para los fines del bien vivir de todos. “La ciencia de nuestro siglo se ha ramificado tanto y ha llegado tan lejos, que su progreso requiere una enorme especialización de sus practicantes. El especialista cada vez tiene que especializarse más, con lo que sabe cada vez más sobre cada vez menos, hasta que llega a saberlo casi todo sobre casi nada.” (Mosterín, 1996)

esclavos-400x242Bajo tal condición, ni los profesionistas, ingenieros, científicos, ni siquiera los “filósofos” –que suelen ser sólo de buró–  son capaces de proporcionar respuestas, ni ideas, ni siquiera tenues bosquejos que aporten a la concienciación, al entendimiento y a la trasformación de las condiciones del mundo para el bien vivir. Todo se reduce a lo siguiente: “el científico especializado [o cualquier persona con estudios] hace su carrera académica dentro de su profesión o comunidad científica. Busca el reconocimiento de sus colegas [y el enriquecimiento material], hace su curriculum mediante sus publicaciones referenciadas, y contribuye con su granito de arena al progreso de su especialidad. Y nada más. No pretende (salvo excepciones) decir nada a la humanidad.” (Mosterín, 1996)

Al contrario de lo anterior, requerimos soluciones y respuestas, requerimos saber dónde estamos parados, requerimos herramientas que permitan a la conciencia colectiva su maduración. Por ello es que existe la imperiosa necesidad de una educación y un pensamiento integrador y este es aquel que pretende articular una visión de conjunto, aquel que pretende tener en cuenta sin simplificaciones todos los aspectos que conciernen a nuestra experiencia vital, que no parte de fragmentos, sino de relaciones y procesos, sólo éste podrá guiarnos, de otra manera seguiremos extraviados y jamás podremos salir de la prisión del ego que nos podría conducir sin reparo y prontamente a la extinción.

Ante esta inminente necesidad, requerimos de ciertos principios y consideraciones previas que guíen nuestra reflexión sobre hechos y temas insoslayables de nuestro tiempo, y que requieren volverse evidentes para el grueso de la gente. Si bien es cierto que tenemos que ir tientas, los siguientes puntos tomados de la obra del filósofo Edgar Morin se erigen como posibles faros dentro del marco de la educación que sin duda pueden colaborar de gran manera a alumbrar el camino que está por venir.

9788449324901(La siguiente es la introducción del libro de Edgar Morin, publicado y promovido por la UNESCO, llamado: “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”)

I: Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión

> Es muy diciente el hecho de que la educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer.

> En efecto, el conocimiento no se puede considerar como una herramienta ready made [prefabricada] que se puede utilizar sin examinar su naturaleza. El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar la mente humana. Se trata de armar cada mente en el combate vital para la lucidez.

> Es necesario introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto síquicas como culturales que permiten arriesgarse al error o la ilusión.

II: Los principios de un conocimiento pertinente

> Existe un problema capital, aún desconocido, cual es el de la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales para inscribir allí los conocimientos parciales y locales.

> La supremacía de un conocimiento fragmentado según las disciplinas impide a menudo operar el vínculo entre las partes y las totalidades y debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades y sus conjuntos.

> Es necesario desarrollar la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto. Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un mundo complejo.

 

III: Enseñar la condición humana

> El ser humano es a la vez físico, biológico, síquico, cultural, social, histórico. Es esta unidad compleja de la naturaleza humana la que está completamente desintegrada en la educación a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que significa ser humano. Hay que restaurarla de tal manera que cada uno desde donde esté tome conocimiento y conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja y de su identidad común a todos los demás humanos.

> Así, la condición humana debería ser objeto esencial de cualquier educación.

> A partir de las disciplinas actuales, es posible reconocer la unidad y la complejidad humanas reuniendo y organizando conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía y mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.

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IV: Enseñar la identidad terrenal

> En lo sucesivo, el destino planetario del género humano será otra realidad fundamental ignorada por la educación. El conocimiento de los desarrollos de la era planetaria que van a incrementarse en el siglo XX1 y el reconocimiento de la identidad terrenal que será cada vez más indispensable para cada uno y para todos deben convertirse en uno de los mayores objetos de la educación.

> Es pertinente enseñar la historia de la era planetaria que comienza con la comunicación de todos los continentes en el siglo XVI y mostrar cómo se volvieron intersolidarias todas las partes del mundo sin por ello ocultar las opresiones y dominaciones que han asolado a la humanidad y que aún no han desaparecido.

> Habrá que señalar la complejidad de la crisis planetaria que enmarca el siglo XX mostrando que todos los humanos, confrontados desde ahora con los mismos problemas de vida y muerte, viven en una misma comunidad de destino.

V: Enfrentar las incertidumbres

> Las ciencias nos han hecho adquirir muchas certezas, pero de la misma manera nos han revelado, en el siglo XX, innumerables campos de incertidumbre. La educación debería comprender la enseñanza de las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas.

> Se tendrían que enseñar principios de estrategia que permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto, y modificar su desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino. Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza.

> La fórmula del poeta griego Eurípides que data de hace 25 siglos está ahora más actual que nunca. « Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta ». El abandono de los conceptos deterministas de la historia humana que creían poder predecir nuestro futuro, el examen de los grandes acontecimientos y accidentes de nuestro siglo que fueron todos inesperados, el carácter en adelante desconocido de la aventura humana, deben incitarnos a preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y poder afrontarlo. Es imperativo que todos aquellos que tienen la carga de la educación estén a la vanguardia con la incertidumbre de nuestros tiempos.

VI: Enseñar la comprensión

> La comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana. Ahora bien, la educación para la comprensión está ausente de nuestras enseñanzas. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos. Teniendo en cuenta la importancia de la educación para la comprensión en todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma de las mentalidades. Tal debe ser la tarea para la educación del futuro.

> La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión.

> De allí, la necesidad de estudiar la incomprensión desde sus raíces, sus modalidades y sus efectos. Este estudio sería tanto más importante cuanto que se centraría, no sólo en los síntomas, sino en las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios. Constituiría, al mismo tiempo, una de las bases más seguras para la educación por la paz, a la cual estamos ligados por esencia y vocación.

VII: La ética del género humano

> La educación debe conducir a una « antropo-ética » considerado el carácter ternario de la condición humana cual es el de ser a la vez individuo, sociedad y especie. En este sentido, la ética individuo/especie necesita un control mutuo de la sociedad por el individuo y del individuo por la sociedad, es decir la democracia; la ética individuo/especie convoca la ciudadanía terrestre en el siglo XXI.

> La ética no se podría enseñar con lecciones de moral. Ella debe formarse en las mentes a partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie. Llevamos en cada uno de nosotros esta triple realidad. De igual manera, todo desarrollo verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana.

> De allí, se esbozan las dos grandes finalidades ético-políticas del nuevo milenio: establecer una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria. La educación debe no sólo contribuir a una toma de conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de realizar la ciudadanía terrenal. “

(Morin, 1999)

Referencias

Morin, E. (1977). El método: La naturaleza de la naturaleza. Madrid: Ediciones Cátedra.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. París: UNESCO.

Mosterín, J. (1996). Grandeza y miseria de la filosofía anaíitica.

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